martes, 28 de octubre de 2014

El ojo de Raven


El hogar escupe más humo que llamas y bulle con tal furia que hace toser a algunos de los hombres acurrucados entre pieles de reno. La robusta puerta del salón cruje al abrirse y hace saltar una llama que tienta al humo acre a ascender por la chimenea. Las sombras se ciernen sobre la sala cual valquirias, los demonios de los muertos, ocultas en los rincones a la espera de exquisiteces, ávidas de carne humana. Tal vez hayan captado el susurro de la muerte en la crepitación y las escupiduras del fuego. Sin duda llevan esperándome mucho tiempo.
Incluso en Valhalla se ha hecho un silencio como si fuera un manto de nieve recién caída, cuando Odín, Thor y Tyr sueltan las espadas y dejan de lado los preparativos para Ragnarök, la batalla final. ¿Acaso soy demasiado arrogante? Es más que probable. De todos modos, considero que hasta los mismos dioses desean que el del ojo rojo cuente su historia. Al fin y al cabo, han participado en ella. Y por eso se ríen, porque los hombres no son los únicos que desean la fama eterna: los dioses también anhelan la gloria.

Canto mi historia verdadera,
cuento mis viajes, lo que he sufrido,
momentos de penuria en días de esfuerzo;
amargas inquietudes he alimentado,
y he aprendido a menudo qué hogar atribulado es un barco en la tormenta,
cuando me tocó el agotador turno de noche
en la cabeza del dragón bordeando acantilados...
A menudo tuve los pies encadenados por la escarcha
en ataduras heladas, torturados por el frío,
mientras una angustia punzante me aprisionaba el corazón
y la añoranza me desgarraba la mente recelosa del mar...
Pero ahora una vez más
la sangre de mi corazón me llama para volver a probar
los mares infinitos, el juego de las olas saladas;
los deseos de mi corazón siempre me instan a emprender el viaje,
a visitar las tierras de hombres extranjeros allende los mares...

(Giles Kristian El ojo de Raven)

domingo, 26 de octubre de 2014

Gnomónica.

 Johannes Vermeer.El astrónomo(1668)
La historia de la gnomónica es parte de la historia tanto de la astronomía como de la matemática, y en parte también de la historia de la tecnología. La gnomónica es el estudio de la medida del tiempo mediante el empleo de relojes solares, e involucra tanto su diseño como su construcción y sus propiedades geométricas. Durante la historia de la humanidad ha habido diferentes sistemas horarios, y antes de la aparición de los relojes mecánicos en el siglo xiv, eran los instrumentos más habituales mediante los que se medía el tiempo, junto con clepsidras y otros dispositivos como relojes de arena y de fuego (siguiendo la armonía de los cuatro elementos). Su diseño y construcción ha contribuido, no solo en la consciencia de la percepción del tiempo, sino que también en el progreso de la medida del tiempo por parte de la ciencia. La existencia de los cuadrantes solares fue habitual en las ciudades, en los templos, en las casas privadas, hasta la aparición de métodos más fiables de medida del tiempo.


viernes, 24 de octubre de 2014

La Guardia Varega.

Jose Daniel Cabrera Peña.

Los varegos llevaban comerciando en el Báltico desde el siglo VII, pero fue en el año 839 cuando aparecieron en el mundo bizantino como mercenarios contratados por el emperador Teófilo, quien negoció con los llamados rhos(rus)para abastecerse de soldados para su ejército. Los varegos comenzaron entonces a llevar a cabo ataques a lo largo de todo el Mar Báltico, estableciendo su dominio sobre los eslavos de Novgorod en 852 y sobre los de Kiev en 858. Fue en 860, partiendo de esta última ciudad, de donde los varegos lanzaron su primer ataque sobre Constantinopla. Esta incursión fue un fracaso, pero perseveraron en su empeño remontando el río Dnieper. Aunque normalmente mantenían relaciones comerciales pacíficas con los bizantinos, se sucedieron agresiones contra Constantinopla en 860, 907, 911, 941, 945, 971 y 1043. Estas razzias solamente tuvieron éxito en tanto en cuanto los bizantinos renegociaron sus acuerdos comerciales, ya que militarmente los varegos siempre fueron derrotados por unas fuerzas superiores y sobre todo por el uso del fuego griego.
Los príncipes de Kiev y Novgorod contrataron como mercenarios a los varegos desde el siglo IX hasta el XI. La última mención a mercenarios vikingos o varegos en Rusia data de 1043. Aún hoy en día es mera especulación la causa de si dejaron de llamarlos porque ya no los necesitaban o porque los propios mercenarios habían sido asimilados por la sociedad rusa y ya no se consideraban varegos o vikingos.
Asimismo, sirvieron junto con los dalmáticos como marinos en las expediciones navales contra la isla de Creta en 902 y 949 bajo el reinado de Constantino VII. Ya en 911 se menciona a los vikingos como parte del ejército bizantino; también está documentado que existían contingentes varegos entre las fuerzas que lucharon contra los árabes en 955. De hecho, este servicio elevó su rango de miembros de las Grandes Compañías de Mercenarios(Μεγάλη Εταιρεία en griego), a Guardia Imperial.
La última mención a mercenarios vikingos o varegos en Rusia data de 1043. Aún hoy en día es mera especulación la causa de si dejaron de llamarlos porque ya no los necesitaban o porque los propios mercenarios habían sido asimilados por la sociedad rusa y ya no se consideraban varegos o vikingos.

martes, 21 de octubre de 2014

El mito de Latona.

 Johann Georg Platzer - Latona verwandelt die lykischen Bauern in Frösche.(1730)

Latona, asimilada a Leto en la mitología griega, es la hija del titán Ceo y la titánide Febe. Convertida en amante de Júpiter, da a luz dos hijos suyos, Diana y Apolo.
 Cuando Juno, esposa de Júpiter, se entera de este embarazo, se ve invadida por una cólera devastadora. Decreta el exilio del universo de su rival, y prohíbe a todas las tierras acogerla en el momento del parto. Condenada a una huida perpetua, Latona inicia un periplo sin final a través de la Tierra, y consigue encontrar un refugio temporal en la isla de Delos, donde da a luz a Apolo y Diana.
 Con sus dos gemelos apenas llegados al mundo, Latona debe volver a emprender la huida para escapar a la ira de Juno.
 Durante su huida, Latona llega un día a Licia, una región de Asia Menor situada al sur de la actual Turquía. Exhausta y sedienta, decide detenerse y percibe, al fondo de un valle, un lago en cuya orilla un grupo de campesinos se afana en recoger juncos y algas. Atraída por las límpidas aguas del lago, se acerca para saciar su sed. Cuando se agacha para beber, los campesinos se oponen y le prohíben beber. Latona, sorprendida, intenta calmarlos y les responde de esta guisa:
 «¿Por qué me prohibís estas aguas? El agua pertenece a todo el mundo. La naturaleza, buena y sabia, hizo para todos el aire, la luz y las olas. Yo sólo quiero disfrutar de un bien común a todos y, sin embargo, os lo pido como un favor. Mi intención no es refrescar mi cuerpo extenuado, sino saciar mi sed. Tengo la boca reseca y apenas puedo hablar. Esta ola será para mí como un néctar; permitirme utilizarla y reconoceré que os debo la vida. ¡Ah! Dejaros conmover por estos dos niños que, prendidos a mi pecho, os tienden sus débiles brazos».
 Insensibles a sus súplicas, los campesinos persisten en su rechazo. Ordenan a Latona que abandone el lugar, y para asegurarse de que no pueda beber, se meten en el lago. Remueven el fondo con los pies y agitan el agua con sus brazos, levantando a la superficie una espesa capa de cieno.
 Con la cólera, Latona se olvida de su sed y, levantando las manos al cielo, lanza un grito: «¡Que viváis para siempre en el lodo de vuestro lago!». Inmediatamente, su deseo se cumple y la metamorfosis comienza.
 Como si hubiesen enloquecido, los campesinos se lanzan de repente al lago: se sumergen y vuelven a salir, para volver a sumergirse, nadan hasta el fondo, salen a la superficie, asomando la cabeza fuera del agua antes de volver a desaparecer de nuevo. Mientras lo hacen, siguen injuriando a Latona, sus gritos se pueden escuchar incluso cuando están debajo del agua. Pero sus voces ya son distintas, sus gargantas se hinchan, sus bocas se ensanchan, sus cabezas se hunden en los hombros, sus espaldas se vuelven verdes, sus vientres se abultan al tiempo que se ponen blancos… Convertidos en ranas, los campesinos de Licia, vivirán para siempre en el lodo de su lago, cumpliendo la condena de Latona.

 Este episodio, narrado por Ovidio en el Libro VI de sus Metamorfosis, inspiró el estanque de Latona en el centro del jardín de Versalles.