sábado, 20 de junio de 2015

Völuspá.


Sentada estaba sola cuando vino el anciano
príncipe de los Aesir y la miró a los ojos.
¿Qué me preguntáis? ¿Por qué me tentáis?
Lo sé todo, Odín: dónde ocultaste tu ojo,
allá en la famosa fuente de Mímir;
Mímir bebe hidromiel cada mañana
de la prenda de Valfödr.
¿Sabéis aún más, o qué?
A ella le dio Herfödr anillos y collares,
Sabia magia y clarividencia,
Veía aquí y allá, todos los mundos.
Ella vio Valkirias llegadas de lejos,
prestas a cabalgar al hogar de los dioses;
Skuld blandía el escudo, y otra era Skögul,
Gunn, Hild, Gondul y Geirskögul;
ahora he citado las esposas de Herjan,
prestas a cabalgar, las Valkirias, en el llano.
Vi a Baldr, dios ensangrentado,
al hijo de Odín, predicho ya el destino;
se alzaba, crecida, más alta que los campos,
– delgada y muy bella – la rama de muérdago.
De aquella planta de enjuto aspecto
salió el pérfido dardo, y Hödr lo lanzó;
el hermano de Baldr nació demasiado pronto,
tenía el hijo de Odín sólo una noche de edad.
Nunca se lavó las manos ni se peinó la cabeza
hasta ver en la pira al enemigo de Baldr.
Pero Frigg lloró en Fensalir El dolor del Valhalla.


Völuspá (28-33) La Profecía de la Vidente.

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