martes, 29 de septiembre de 2015

El tormento de Loki.

 Loki and Sigyn by Gebhardt.1892.

Estoy aquí en esta roca por atreverme a ser diferente de aquellos con los que he vivido durante tantas épocas. 
Estoy aquí porque mi sangre está teñida con los estigmas del enemigo. 
No importa que haya salvado Asgard y a los Aesir en innumerables ocasiones, 
¡siempre está ese pecado que no puede perdonarse!

Loki miró hacia arriba para ver la forma sinuosa que se enroscaba sobre su cabeza. Apenas se movía —se asemejaba a una figura tallada más que a cualquier otra cosa—, pero vio su tenue respiración y el parpadeo regular de su lengua bífida al husmear el aire alrededor. Oyó pronunciar las runas sagradas a Frey, que labró señales invisibles en el aire vacío ante él. Loki gritó cuando algo ácido le tocó la mejilla y comenzó a perforar un agujero en su cara.
—No estarás sin embargo solo en tu tormento.
Por el rabillo del ojo, Loki vio una figura familiar entrar en escena. Tenía la cara roja y manchada de lágrimas y sostenía un pequeño cuenco en sus manos. Junto al dolor físico de la quemadura del ácido en el rostro, sintió el amargo pesar de su traición a Sigyn. Ella, que nunca había herido a nadie, que había permanecido a su lado sin importar lo que ocurriera, que lo aceptaba como a uno de los Aesir incluso cuando los otros lo rechazaban. La había abandonado, desechándola sin pensarlo dos veces. Tener su compañía en esa hora, siendo inminente su muerte, añadía un daño mayor.
Sabía por qué la habían enviado y sintió rabia en el pecho ante su juego sucio. No era suficiente que le hicieran daño a él y a sus descendientes; tenían que agravar el insulto y traer a aquella criatura inocente —¡una de ellos!— para que sufriera junto a él.
—Sigyn, no deberías estar aquí —dijo con una tristeza y un pesar más grandes incluso que el dolor—. No he sido bueno contigo.
—No te contestará por decreto de Odín. Pero aliviará tu dolor, dándote tiempo para sanar.
Frey hizo una seña a Sigyn y ella se situó junto a su esposo, sosteniendo el cuenco sobre la cabeza de Loki. El dolor disminuyó hasta ser el de una quemadura embotada. La miró y siguió sus brazos hasta la serpiente incrustada en la roca, que segregaba una delgada tira de veneno por los colmillos. Loki sentía que su carne se regeneraba mientras el chorro caía en el cuenco, pero éste era poco profundo y pronto se llenaría.
Miró de nuevo a Frey y se percató de que pasaría un buen rato esperando a que Sigyn vaciara el recipiente y regresara. Durante ese intervalo, el veneno fluiría libremente por su rostro, por su boca y a través de su cuerpo. Había sentido una simple gota; la agonía del flujo continuo de veneno era inconmensurable.
Volvió el rostro hacia arriba y lanzó una mirada de odio absoluto a Frey. El respiro momentáneo que le ofrecía el cuenco de Sigyn no era ningún favor. Probablemente moriría si el veneno continuara fluyendo, pues su carne inmortal sería incapaz de tanta regeneración antes de que él simplemente sucumbiera y se hundiera en un doloroso olvido. En su lugar, tendría tiempo para sanar, el suficiente para reparar el camino quemado y sangriento del veneno, para que cuando empezara de nuevo tuviera carne recién cicatrizada que derretir. Y si Odín lo ordenaba, la leal Sigyn se quedaría toda la eternidad a su lado, los dos juntos en un retorcido abrazo que los unía mucho más que su lecho nupcial.
—¡Es mi crimen, no el suyo! ¡No puedes dejarla aquí conmigo!
—La voluntad del Alto no debe ser cuestionada. —Frey se volvió y luego se detuvo. Mirando hacia atrás por encima del hombro, dijo—: Tal vez no merezcas este destino, pero eso no me corresponde a mí decidirlo. Espero que tu sufrimiento no continúe para siempre. —Se dio la vuelta y salió de la cueva mientras Loki lo miraba.
Finalmente, Loki alzó la vista hacia el cuenco que tenía sobre su cabeza. Las lágrimas de su mujer caían libremente y le golpearon la cara donde el veneno le había quemado sólo momentos antes. Su estado de ánimo cambió de ira a tristeza amarga y a irremediable desesperación y repitió el ciclo una y otra vez durante el breve lapso en el que la taza se cubría despacio de veneno. Sigyn lo miró con profundo dolor en su rostro. Y entonces, el recipiente se llenó. Ella lo apartó y dejó que el veneno corriera.
 Mike Vasich-Loki / 2010.

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