domingo, 4 de junio de 2017

La Misión de Hermod.

 
 
Frigg vio que su hijo Balder estaba muerto, rogó vehementemente a los dioses que fueran hasta Niflheim para implorarle a Hel que liberara a su víctima, ya que la tierra no podría existir felizmente sin él.
 Ya que el camino era extremadamente fatigoso y accidentado, ninguno de los dioses se ofreció a ir al principio. Pero cuando Frigg prometió que ella y Odín recompensarían al mensajero amándole por encima de todos los Ases, Hermod mostró su disposición a ejecutar la misión. A fin de capacitarle para ello, Odín le prestó a Sleipnir, y el noble caballo, que no solía dejar que nadie lo montara excepto Odín, partió sin demora hacia la oscura trayectoria que sus cascos ya habían cabalgado en dos ocasiones anteriormente. 
Los dioses entraron en Asgard tristes, donde ningún sonido de alegría o festejos recibieron los oídos, pues todos los corazones estaban llenos de inquietante preocupación por el fin de todas las cosas, el cual se sentía inminente. Y, ciertamente, la idea del terrible invierno de Fimbul, el cual sería el heraldo de sus muertes, bastaba para desasosegar a los dioses.
Sólo Frigg albergó esperanzas y esperó ansiosa el regreso de Hermod el veloz, el cual, mientras tanto, había atravesado el palpitante puente y el oscuro camino de Hel, hasta que, a la décima noche, había cruzado las rápidas corrientes del río Gjöll.
Allí fue interrogado por Mödgud, que le preguntó por qué el puente Gjallar temblaba más bajo el cabalgar de su caballo que cuando pasaba todo un ejército, y le preguntó por qué él, un jinete vivo, pretendía entrar en los tenebrosos dominios de Hel.
Hermod le explicó a Mödgud la razón de su visita y, tras averiguar que Balder y Nanna habían pasado por el puente antes que él, se apresuró a seguir su camino hasta que llegó a las puertas que se erigían imponentes ante él.
Sin desalentarse ante esta barrera, Hermod desmontó sobre el suave hielo y, ajustando las correas de su silla, volvió a montar y, clavando sus espuelas en los brillantes costados de Sleipnir, le indujo a que diera un brinco prodigioso, aterrizando ileso al otro lado de la puerta de Hel.
En vano le informó Hermod a su hermano que había venido para rescatarlo. Balder negó triste con la cabeza, diciendo que sabía que debía permanecer en su lúgubre morada hasta la llegada del Último Día, pero le imploró a Hermod que se llevara con él a Nanna, pues el hogar de las sombras no era lugar para una criatura tan bella y brillante. Pero cuando Nanna escuchó esta petición, se aferró más al lado de su esposo, jurando que nada lograría separarla de él y que permanecería por siempre a su lado, incluso en Niflheim.
La noche de agotó con la conversación, antes de que Hermod buscara a Hel para implorarle que liberara a Balder. La hosca diosa escuchó en silencio su petición, declarando finalmente que permitiría a su víctima marcharse a condición de que todas las cosas animadas e inanimadas mostraran su pesar por su pérdida derramando lágrimas.
Esta respuesta estaba llena de esperanzas, pues toda la Naturaleza lamentaba la pérdida de Balder y seguramente no había nada en toda la creación que fuera a negar el tributo de una lágrima. Por tanto, Hermod salió feliz del oscuro reino de Hel, llevándose con él el anillo Draupnir, que Balder le devolvía a su padre, una alfombra bordada de Nanna a Frigg y un anillo para Fulla.
Los dioses se reunieron en asamblea ansiosamente alrededor de Hermod cuando éste regresó, y una vez hubo entregado los mensajes y los regalos, los Ases enviaron heraldos a todas las partes del mundo para pedir a todas las cosas animadas e inanimadas que lloraran la muerte de Balder

sábado, 20 de mayo de 2017

Idun.

Johan Egerkrans

Idun,, la personificación de la primavera o de la juventud eterna, la cual, según algunos mitólogos,  no  había  tenido  un  nacimiento  y  nunca  experimentaría  la  muerte,  fue cálidamente bienvenida por los dioses cuando hizo acto de presencia en Asgard junto a Bragi, su esposo. Para asegurarse su afecto, ella les prometió un bocado diario de las maravillosas manzanas que llevaba en su estuche, y que tenían el poder de otorgar la juventud y la belleza eterna a todos aquellos que las saborearan. Gracias ala fruta mágica, los dioses escandinavos, que, ya que habían surgido de una mezcla de razas, no eran todos inmortales, evitaron el paso del tiempo y la enfermedad por  ellos,  y  se mantuvieron enérgicos,  hermosos  y  jóvenes  durante  innumerables décadas.  Consiguientemente,  estas  manzanas  fueron  consideradas  una  posesión  muy preciada,  e  Idun  las  atesoraba  cuidadosamente  en  su  cofre  mágico.  No  importaba  el
número  de  ellas  que  extrajera,  el  mismo  número  quedaba  siempre  dentro  para  ser distribuidas  en  el  festín  de  los  dioses,  los  únicos  a  los  que  ella  permitía  que  las saborearan, a pesar de que enanos y gigantes estaban ansiosos por poseer la fruta.

Idun se encontraba en una ocasión sentada sobre las ramas de fresno sagrado Yggdrasil, cuando, desvaneciéndose súbitamente, aflojó su agarre y se desplomó hacia el suelo que se encontraba por debajo de ella, hasta las más infranqueables profundidades del Niflheim. Allí yació, pálida e inmóvil, contemplando con ojos fijos y llenos de terror las horribles vistas del reino de Hel, estremeciéndose violentamente mientras tanto, como alguien vencido por un frío penetrante.
Viendo que no regresaba, Odín ordenó a Bragi, a Heimdall y a otros dioses que fueran en su búsqueda, entregándoles una piel blanca de lobo con la que pudieran arroparla, para que ella no sufriera el frío y pidiéndoles que emplearan todos sus esfuerzos para
despertarla del estupor que su presciencia le habían dicho que se había apoderado de ella.
Idun permitió pasivamente a los dioses que la arroparan en la cálida piel de lobo, pero ella rehusó persistentemente hablar o moverse y de su extraño comportamiento sospechó tristemente su marido que ella había experimentado una visión de grandes desgracias. Las lágrimas corrían continuamente por sus pálidas mejillas y Bragi, abrumado por su tristeza, pidió a los otros dioses que regresaran a Asgard sin él, jurando que permanecería junto a su esposa hasta que ella estuviera preparada para abandonar el lúgubre reino de Hel. La visión de su dolor le oprimió tanto que no tuvo corazón para sus habituales canciones alegres y las cuerdas de su arpa permanecieron mudas mientras él continuaba en el inframundo.
En este mito, la caída de Idun es simbólica de la caída otoñal de las hojas, que yacen desamparadas sobre el frío y raso suelo, hasta que la nieve las oculta de la vista, representada por la piel de lobo, que Odín, el cielo, envía para mantenerlas templadas y el cese de los cantos de los pájaros se representa posteriormente con el silencio del arpa de Bragi.



sábado, 13 de mayo de 2017

Guerreros


La Humanidad: Los Guerreros

Cuando Roma es destruida por los bárbaros, Europa entra en una Edad Oscura. Sin embargo, desde las provincias del antiguo Imperio, dos nuevas fuerzas rescatan el mundo.
Los Árabes, financiados por el oro, se unen bajo la bandera del Islam.
Los Vikingos renuevan las ciudades de Europa, viajan a América y se convierten en caballeros Cristianos. 
Todo está preparado para un choque de civilizaciones...


domingo, 30 de abril de 2017

La rendición de la cultura a la tecnología.


“ Es un mundo improbable. Un mundo en que la idea del progreso humano, tal como la planteó Bacon, ha sido sustituida por la idea de progreso tecnológico. El objetivo no es disminuir la ignorancia, la superstición y el sufrimiento, sino adaptarnos a las exigencias de las nuevas tecnologías. Por supuesto, nos decimos a nosotros mismos que tales adaptaciones conducirán a una vida mejor, pero se trata sólo de un residuo retórico de una tecnocracia en vías de desaparición. Somos una cultura que se consume a sí misma con la información y la mayoría de nosotros ni siquiera se cuestiona cómo controlar el proceso. Actuamos bajo el supuesto de que la información es nuestra amiga, creyendo que las culturas sufrirían dolorosamente por la carencia de la misma, lo cual, desde luego, sucede. Sólo ahora se está empezando a entender que las culturas también pueden padecer dolorosamente el exceso de información, una información sin sentido, una información sin mecanismos de control.”
“ Mientras los espectaculares triunfos de la tecnología se multiplicaban, estaba sucediendo algo más: las antiguas fuentes de las que surgían creencias eran asediadas. Nietzsche proclamaba que Dios había muerto. Darwin no fue tan lejos, pero dejó bien claro que, si éramos hijos de Dios, habíamos llegado a serlo a través de una ruta mucho más larga y menos solemne de lo que habíamos imaginado, y que en el proceso habíamos recogido algunos parientes bastante extraños e impropios. Marx defendía que la historia tenía su propio calendario y nos llevaba a donde debía, sin tener en cuenta nuestros deseos. Freud enseñaba que no comprendíamos nuestras necesidades más profundas y no podíamos confiar en nuestros sistemas tradicionales de razonamiento para descubrirlas. John Watson, el fundador del conductismo, mostraba que el libre albedrío era una ilusión y que nuestro comportamiento, en última instancia, no era muy distinto del de las palomas. Y Einstein y sus colegas nos contaban que no había formas absolutas de juzgar nada en ningún caso, que todo era relativo. La arremetida de un siglo de saber tuvo el efecto de hacernos perder confianza en nuestros sistemas de creencias y, de ahí, en nosotros mismos. Entre los escombros conceptuales permanecía una única idea en la que seguir creyendo.”
Neil Postman - Tecnópolis.La rendición de la cultura a la tecnología


 Animación de Steve Cutts

viernes, 7 de abril de 2017

El mecanismo de Anticitera .


" El misterioso y milenario mecanismo de Anticitera servía para medir el movimiento del Sol, la Luna y algunos planetas, así como predecir eclipses y otros movimientos astrológicos. Está cubierto de signos e inscripciones astronómicas en griego antiguo, dialecto corintio-siracusano. Un examen con rayos X comprobó lo complejo de sus engranajes por lo que puede considerarse una computadora mecánica analógica de una precisión que se consideraba imposible en el 80 a.C., fecha en la que se hundió la nave que lo transportaba cerca de la isla griega de Anticitera."




domingo, 2 de abril de 2017

korpiklaani "Ämmänhauta"


"Ämmänhauta" (La Tumba de las Brujas)
“Tiempo atrás, una noita moribunda quería que la enterraran en el cementerio, pero el sacerdote no lo aceptaba, porque las noita, las brujas, eran consideradas como el diablo. Así que la mujer dijo que la llevaran de noche al camposanto y de esta forma el sacerdote no podría evitar que descansara allí, pero si se hacia de día antes de que llegaran, deberían enterrarla allí mismo donde el sol les sorprendiera. Lanzó como una especie de mal.“Todos los que pasarán por la tumba tendrán que quebrar y arrojar una rama sobre ella o se enfrentarán al poder de su maldición”. Los hombres llevaron su cuerpo por el bosque oscuro, pero se perdieron y no llegaron a tiempo al cementerio. El sol empezó a salir y no pudieron seguir cargándola porque de golpe empezó a ser más y más pesada. Así que la enterraron allí mismo, en el bosque, e hicieron un gran túmulo de ramitas y palos.” 


jueves, 30 de marzo de 2017

Elucubraciones (XV)

Fotografia: Jestormbringer

« Escribí mis historias y observaciones. Plasmé mis pensamientos, ideas y recuerdos en vitela y papel. Guardé todo ese material y pensé que me pertenecía. Creía que al registrarlo por escrito, podría extraer alguna conclusión de todo lo que me había ocurrido, que a la causa la seguiría un efecto, y que vería claras las razones de los distintos sucesos. Tal vez pretendiera justificarme, no solo por todo lo que había hecho, sino por la persona en quien me había convertido. Durante años escribí con dedicación casi todas las noches para explicarme con minuciosidad a mí mismo mi mundo y mi vida. Guardé los manuscritos en una estantería, confiando en haber capturado el sentido de mi existencia.
Sin embargo, un día regresé y encontré mis detallados escritos reducidos a fragmentos de vitela esparcidos por un patio pisoteado y estropeados por la nieve y la lluvia. Sentado a lomos de mi montura, me quedé mirándolos y supe que, como siempre sucedía, el pasado había evadido mi intento de definirlo y comprenderlo. La historia no está más consolidada ni muerta que el futuro. El pasado no está más lejos de nosotros que el último aliento que tomamos.»

« La vida es equilibrio. Tendemos a olvidarlo mientras desgranamos un día tras otro sin darnos cuenta. Comemos, bebemos, dormimos y damos por sentado que siempre nos levantaremos para ver un nuevo amanecer, que el alimento y el descanso bastarán siempre para regenerarnos. Esperamos que sanen nuestras heridas, que el dolor disminuya con el paso del tiempo. Incluso enfrentados a heridas que se curan más despacio, a dolores que se reducen durante el día tan solo para volver con brío renovado al caer la noche, incluso cuando el sueño no nos proporciona descanso seguimos esperando que, de alguna manera, mañana se restaurará el equilibrio y podremos seguir adelante. Pero tarde o temprano este exquisito equilibrio se ve perturbado y, pese a todos nuestros intentos desesperados, comienza el lento declive, la agónica transición del cuerpo capaz de conservarse por sí solo al cuerpo que lucha con uñas y dientes por aferrarse a lo que solía ser.»
 Robin Hobb - La misión del bufón.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Los suevos.


Los suevos eran un gran grupo de los pueblos germánicos que se menciona por primera vez por Julio César en el marco de la campaña de Ariovisto en la Galia, c. 58 a. C. Mientras que César les trataba como una tribu germánica, aunque la mayor y más belicosa, autores posteriores como Tácito, Plinio el Viejo y Estrabón especificaron que los suevos "no son, como los catos o téncteros, constituyentes de una sola nación". En realidad ocupaban más de la mitad de Alemania, y se dividían en una serie de tribus distintas bajo nombres distintos, aunque todos en general eran llamados "suevos". En un momento, la etnografía clásica había aplicado el nombre de "suevos" a tantas tribus germánicas que parecía como si en los primeros siglos este nombre nativo reemplazaría el nombre extranjero "germanos".