sábado, 12 de agosto de 2017

EL VIAJE A AMÉRICA 813 d.C.


Navegaron el verde mar gracias a las estrellas y la orilla, y cuando la orilla fue sólo un recuerdo y el cielo de la noche se quedó nublado y oscuro navegaron gracias a la fe, e invocaron al Todopoderoso para que les permitiera llegar a tierra sanos y salvos.
Habían tenido un viaje terrible, no se sentían los dedos y tenían unos escalofríos en los huesos que ni siquiera el vino podía aliviar. Se levantaban por la mañana y veían que la escarcha les había alcanzado la barba y, hasta que el sol los calentaba, parecían hombres viejos con una barba canosa prematura.
Los dientes se les empezaron a caer y tenían los ojos hundidos en las cuencas cuando avistaron las verdes tierras del oeste. Los hombres dijeron: «Estamos lejos, lejos de nuestras casas y hogares, lejos de los mares que conocemos y las tierras que amamos. Aquí, en el borde del mundo seremos olvidados por nuestros dioses.»
Su jefe se encaramó a la cima de una gran roca y se burló de ellos por su falta de fe.
—El Todopoderoso creó el mundo —gritó—. Lo construyó con sus manos de los huesos maltrechos y la carne de Ymir, su abuelo. Puso el cerebro de Ymir en el cielo como nubes, y su sangre salada se convirtió en los mares que hemos cruzado. Si él creó el mundo, ¿no os dais cuenta de que también él creó esta tierra? ¿Y si morimos aquí como hombres, no seremos recibidos en su morada?
Y los hombres lo aclamaron y rieron. Con gran voluntad se pusieron a construir un refugio con árboles partidos y barro, dentro de una pequeña empalizada de troncos afilados, aunque, por lo que sabían, eran los únicos hombres de la nueva tierra.
El día en que finalizaron el refugio hubo una tormenta: a mediodía, el cielo se volvió tan oscuro como la noche, y el cielo fue desgarrado por horcas de llamas blancas, y los estruendos se oían tan fuertes que los hombres casi se quedaron sordos por su culpa, y el gato de a bordo que se habían traído para que les diera buena suerte se escondió tras el drakar varado en la playa. La tormenta fue tan poderosa y tan fiera que los hombres rieron y se dieron palmadas en la espalda y dijeron: «El trueno está aquí con nosotros, en esta tierra lejana», y dieron gracias y se alegraron y bebieron hasta que empezaron a tambalearse.
En la oscuridad llena de humo de su refugio, aquella misma noche, el bardo les cantó las viejas canciones. Cantó sobre Odín, el Todopoderoso,que se sacrificó por sí mismo con la misma valentía y nobleza con la que otros se sacrificaron por él. Cantó sobre los nueve días que el Todopoderoso estuvo colgado del árbol del mundo, con el costado atravesado por una lanza y del que manaba sangre, y les cantó sobre todas las cosas que el Todopoderoso había aprendido en su agonía; nueve nombres y nueve runas, y dos veces nueve amuletos. Cuando les habló de la lanza que perforó el costado de Odín, el bardo chilló de dolor al igual que había hecho el Todopoderoso en su agonía, y todos los hombres se estremecieron al imaginar su dolor.
Encontraron el scraeling al día siguiente, que era el propio día del Todopoderoso. Era un hombre pequeño que tenía el pelo tan negro como el ala de un cuervo y la piel del color rojo cálido de la arcilla. Al hablar usó unas palabras que ninguno de ellos pudo entender, ni tan sólo el bardo, que había estado en un barco que había cruzado las columnas de Hércules y que sabía hablar la lengua de los comerciantes del Mediterráneo. El extraño iba vestido con pieles y plumas y llevaba pequeños huesos trenzados en su larga melena.
Lo condujeron a su campamento y le dieron de comer carne y una bebida fuerte para saciar la sed. Se rieron a carcajadas del hombre, que tropezó mientras cantaba, de la forma en que ladeaba y dejaba muerta la cabeza, y eso que había bebido menos de un cuerno de aguamiel. Le dieron más bebida y al cabo de poco ya estaba tirado bajo la mesa con la cabeza escondida bajo el brazo.
Entonces lo cogieron, un hombre por cada hombro, un hombre por cada pierna, lo llevaron a la altura de los hombros, los cuatro hombres le hacían de caballo de ocho patas, y lo llevaron en cabeza de una procesión hasta un fresno desde el que se divisaba la bahía, donde le pusieron una soga alrededor del cuello y lo colgaron al viento, su tributo al Todopoderoso, al Señor de la Horca. El cuerpo del scraeling se meció en el viento, la cara se le fue oscureciendo, con la lengua fuera, los ojos se le salían de las órbitas, el pene lo bastante duro como para colgar un casco de cuero, mientras los hombres aplaudían y gritaban y reían, felices de enviar su sacrificio a los cielos.
Y, al día siguiente, cuando dos grandes cuervos se posaron sobre el cadáver del scraeling, uno en cada hombro, y comenzaron a picotearle las mejillas y los ojos, los hombres supieron que su sacrificio había sido aceptado.
Neil Gaiman- American Gods 

sábado, 5 de agosto de 2017

Kvothe.

kvothe

“Si quieres saber quién eres, camina hasta que no haya nadie que sepa tu nombre. Viajar nos pone en nuestro sitio, nos enseña más que ningún maestro, es amargo como una medicina, cruel como un espejo. Un largo tramo de camino te enseñará más sobre ti mismo que cien años de silenciosa introspección.”

Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades. La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta. La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que «el tiempo todo lo cura» es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta. La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad. La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.
Patrick Rothfuss . El nombre del viento

miércoles, 26 de julio de 2017

Ran.


En la mitología escandinava, Ran es una diosa marina que pesca a los ahogados con su red y entonces, habiendo enmarañado a los hombres en sus mallas y destruido sus barcos contra los cortados acantilados, los arrastraba tranquilamente hasta su sombrío reino.
Ran era considerada la diosa de la muerte para todos aquellos que perecían en el mar y los nórdicos pensaban que ella agasajaba a los ahogados en sus cuevas de coral, donde se extendían divanes para recibirles y donde el hidromiel corría libremente como en el Valhalla. Se pensó posteriormente que la diosa tenía una gran afición al oro, que se llamaba la "llama del mar" y se utilizaba para iluminar sus palacios. Esta creencia se originó con los marineros y nación del impresionante brillo fosforescente de las olas. Para ganarse las buenas bendiciones de Ran, los nórdicos se cuidaban de esconder un poco de oro cerca de ellos siempre que algún peligro en particular les amenazaba en el mar.

domingo, 16 de julio de 2017

Fossegrim (Nacken)

Johan Egerkrans "Nakken"

En el folclore escandinavo, el Fossegrim, también conocido simplemente como Grim (noruego) o Strömkarlen (sueco), es un espíritu del agua o trol que toca el violín, especialmente el violín Hardanger, y puede ser persuadido para enseñar dicho talento.
El Fossegrim está relacionado con los neck o nixie, por lo que también es conocido en Suecia como Nacken, pero en lugar de estar relacionado con estanques y lagos se le asocia con ríos, con cascadas y con los molinos de agua.
El Fossegrim es considerado como un violinista de talento excepcional: los sonidos del bosque, del viento y del agua brotan de las cuerdas de su violín. Se dice que la balada del Strömkarlen sueco tiene once variaciones, y que la última se reservaba únicamente para los espíritus de la noche porque cuando la tocaba "las mesas y bancos, tazas y botes, barbagrises y abuelas, ciegos y cojos, incluso los bebés en la cuna"comenzaban a bailar.
Este espíritu estaría dispuesto a instruir a los humanos en sus habilidades a cambio de una ofrenda hecha en secreto un jueves por la noche: lanzar un macho cabrío blanco a una cascada que fluya hacia el norte con la cabeza mirando al lado contrario de la cascada o fenalår (cordero ahumado) robado del almacén del vecino cuatro jueves consecutivos. Si la ofrenda no tiene suficiente carne en los huesos, sólo instruirá al suplicante cómo afinar el violín. Si la ofrenda es satisfactoria, tomará la mano derecha de su pupilo y colocará sus dedos sobre las cuerdas del violín hasta que sangren, después de lo cual será capaz de tocar tan bien que "los árboles danzarían y los torrentes se detendrían en su caída".
El carácter amable ha ido cambiado en las leyendas hasta aparecer como un demonio vil y codicioso, que con su canto incita al suicidio de los que se aventuran en sus dominios.



domingo, 2 de julio de 2017

Las naves de Nydam.


Hacia el año 350, durante; la edad del hierro en el norte de Europa, una nave que trasportaba; unos cuarenta guerreros; arribó a una playa en la que hoy es el sur de Dinamarca.
Con su casco sin puente, las tablas; solapadas, los remos dispuestos en forma de espiga y la proa y la popa altas y simétricas, el barco tenía la configuración escandinava clásica. Los guerreros; empuñaban espadas de hierro y vestían ropa de lana. Un observador; actual habría deducido que eran vikingos, pero los desmanes de estos no empezarían hasta 450 años después. De hecho, aquellos hombres eran prototipos de los vikingos.

Cuando la quilla de su barco embarrancó en la arena, los guerreros arrastraron; hasta la playa su embarcación de cinco toneladas, a continuación se adentraron en el bosque y, poco después tropezaron con una aldea próxima al lago. Una decena de casas comunales con el techo de paja; alojaba a sus familias; con su ganado. Completaban el asentamiento los ahumaderos, la forja y otros edificios pequeños.
Cuando los guerreros atacaron, los jóvenes del poblado; salieron dispuestos a combatir. Los intrusos, inferiores en número, no tardaron en sucumbir a manos de los lugareños.
Los vencedores; encontraron la nave vacía. Al día siguiente la engancharon a unos caballos; y la remolcaron; hasta el lago. Una vez allí, empezaron a destrozar; las pertenencias de los guerreros muertos: espadas, lanzas, hachas, y efectos personales como; monedas, guardapelos, e incluso; tenacillas y limpiauñas. Los lugareños rompieron la madera de las lanzas y los mangos de las hachas, astillaron los astiles de las flechas; y doblaron sus puntas. El herrero se apropió de las espadas, las; retorció a martillazos y las; arrojó; al lago. Los lugareños; creían que con el sacrificio de todos; aquellos tesoros; expresaba su gratitud; por la victoria a los dioses que, según sus creencias habitaban en el lago.
Alguien abrió una brecha en el casco. Cuando empezó a entrar agua, los hombres empujaron el barco para que se alejara de la orilla y entonaros plegarias a los dioses de la tribu. Sacrificaron algunos caballos y los arrojaron al agua. Después contemplaron como la nave se escoraba y se hundía; bajo la superficie.

Las naves y las armas hundidas, en el pantano danés llamado Nydam Mose, no solo arrojan luz sobre los orígenes de las tradiciones vikingas, si no que ilumina también la oscura historia de la edad de hierro en el norte de Europa.


domingo, 4 de junio de 2017

La Misión de Hermod.

 
Frigg vio que su hijo Balder estaba muerto, rogó vehementemente a los dioses que fueran hasta Niflheim para implorarle a Hel que liberara a su víctima, ya que la tierra no podría existir felizmente sin él.
 Ya que el camino era extremadamente fatigoso y accidentado, ninguno de los dioses se ofreció a ir al principio. Pero cuando Frigg prometió que ella y Odín recompensarían al mensajero amándole por encima de todos los Ases, Hermod mostró su disposición a ejecutar la misión. A fin de capacitarle para ello, Odín le prestó a Sleipnir, y el noble caballo, que no solía dejar que nadie lo montara excepto Odín, partió sin demora hacia la oscura trayectoria que sus cascos ya habían cabalgado en dos ocasiones anteriormente. 
Los dioses entraron en Asgard tristes, donde ningún sonido de alegría o festejos recibieron los oídos, pues todos los corazones estaban llenos de inquietante preocupación por el fin de todas las cosas, el cual se sentía inminente. Y, ciertamente, la idea del terrible invierno de Fimbul, el cual sería el heraldo de sus muertes, bastaba para desasosegar a los dioses.
Sólo Frigg albergó esperanzas y esperó ansiosa el regreso de Hermod el veloz, el cual, mientras tanto, había atravesado el palpitante puente y el oscuro camino de Hel, hasta que, a la décima noche, había cruzado las rápidas corrientes del río Gjöll.
Allí fue interrogado por Mödgud, que le preguntó por qué el puente Gjallar temblaba más bajo el cabalgar de su caballo que cuando pasaba todo un ejército, y le preguntó por qué él, un jinete vivo, pretendía entrar en los tenebrosos dominios de Hel.
Hermod le explicó a Mödgud la razón de su visita y, tras averiguar que Balder y Nanna habían pasado por el puente antes que él, se apresuró a seguir su camino hasta que llegó a las puertas que se erigían imponentes ante él.
Sin desalentarse ante esta barrera, Hermod desmontó sobre el suave hielo y, ajustando las correas de su silla, volvió a montar y, clavando sus espuelas en los brillantes costados de Sleipnir, le indujo a que diera un brinco prodigioso, aterrizando ileso al otro lado de la puerta de Hel.
En vano le informó Hermod a su hermano que había venido para rescatarlo. Balder negó triste con la cabeza, diciendo que sabía que debía permanecer en su lúgubre morada hasta la llegada del Último Día, pero le imploró a Hermod que se llevara con él a Nanna, pues el hogar de las sombras no era lugar para una criatura tan bella y brillante. Pero cuando Nanna escuchó esta petición, se aferró más al lado de su esposo, jurando que nada lograría separarla de él y que permanecería por siempre a su lado, incluso en Niflheim.
La noche de agotó con la conversación, antes de que Hermod buscara a Hel para implorarle que liberara a Balder. La hosca diosa escuchó en silencio su petición, declarando finalmente que permitiría a su víctima marcharse a condición de que todas las cosas animadas e inanimadas mostraran su pesar por su pérdida derramando lágrimas.
Esta respuesta estaba llena de esperanzas, pues toda la Naturaleza lamentaba la pérdida de Balder y seguramente no había nada en toda la creación que fuera a negar el tributo de una lágrima. Por tanto, Hermod salió feliz del oscuro reino de Hel, llevándose con él el anillo Draupnir, que Balder le devolvía a su padre, una alfombra bordada de Nanna a Frigg y un anillo para Fulla.
Los dioses se reunieron en asamblea ansiosamente alrededor de Hermod cuando éste regresó, y una vez hubo entregado los mensajes y los regalos, los Ases enviaron heraldos a todas las partes del mundo para pedir a todas las cosas animadas e inanimadas que lloraran la muerte de Balder

sábado, 20 de mayo de 2017

Idun.

Johan Egerkrans

Idun,, la personificación de la primavera o de la juventud eterna, la cual, según algunos mitólogos,  no  había  tenido  un  nacimiento  y  nunca  experimentaría  la  muerte,  fue cálidamente bienvenida por los dioses cuando hizo acto de presencia en Asgard junto a Bragi, su esposo. Para asegurarse su afecto, ella les prometió un bocado diario de las maravillosas manzanas que llevaba en su estuche, y que tenían el poder de otorgar la juventud y la belleza eterna a todos aquellos que las saborearan. Gracias ala fruta mágica, los dioses escandinavos, que, ya que habían surgido de una mezcla de razas, no eran todos inmortales, evitaron el paso del tiempo y la enfermedad por  ellos,  y  se mantuvieron enérgicos,  hermosos  y  jóvenes  durante  innumerables décadas.  Consiguientemente,  estas  manzanas  fueron  consideradas  una  posesión  muy preciada,  e  Idun  las  atesoraba  cuidadosamente  en  su  cofre  mágico.  No  importaba  el
número  de  ellas  que  extrajera,  el  mismo  número  quedaba  siempre  dentro  para  ser distribuidas  en  el  festín  de  los  dioses,  los  únicos  a  los  que  ella  permitía  que  las saborearan, a pesar de que enanos y gigantes estaban ansiosos por poseer la fruta.

Idun se encontraba en una ocasión sentada sobre las ramas de fresno sagrado Yggdrasil, cuando, desvaneciéndose súbitamente, aflojó su agarre y se desplomó hacia el suelo que se encontraba por debajo de ella, hasta las más infranqueables profundidades del Niflheim. Allí yació, pálida e inmóvil, contemplando con ojos fijos y llenos de terror las horribles vistas del reino de Hel, estremeciéndose violentamente mientras tanto, como alguien vencido por un frío penetrante.
Viendo que no regresaba, Odín ordenó a Bragi, a Heimdall y a otros dioses que fueran en su búsqueda, entregándoles una piel blanca de lobo con la que pudieran arroparla, para que ella no sufriera el frío y pidiéndoles que emplearan todos sus esfuerzos para
despertarla del estupor que su presciencia le habían dicho que se había apoderado de ella.
Idun permitió pasivamente a los dioses que la arroparan en la cálida piel de lobo, pero ella rehusó persistentemente hablar o moverse y de su extraño comportamiento sospechó tristemente su marido que ella había experimentado una visión de grandes desgracias. Las lágrimas corrían continuamente por sus pálidas mejillas y Bragi, abrumado por su tristeza, pidió a los otros dioses que regresaran a Asgard sin él, jurando que permanecería junto a su esposa hasta que ella estuviera preparada para abandonar el lúgubre reino de Hel. La visión de su dolor le oprimió tanto que no tuvo corazón para sus habituales canciones alegres y las cuerdas de su arpa permanecieron mudas mientras él continuaba en el inframundo.
En este mito, la caída de Idun es simbólica de la caída otoñal de las hojas, que yacen desamparadas sobre el frío y raso suelo, hasta que la nieve las oculta de la vista, representada por la piel de lobo, que Odín, el cielo, envía para mantenerlas templadas y el cese de los cantos de los pájaros se representa posteriormente con el silencio del arpa de Bragi.



sábado, 13 de mayo de 2017

Guerreros


La Humanidad: Los Guerreros

Cuando Roma es destruida por los bárbaros, Europa entra en una Edad Oscura. Sin embargo, desde las provincias del antiguo Imperio, dos nuevas fuerzas rescatan el mundo.
Los Árabes, financiados por el oro, se unen bajo la bandera del Islam.
Los Vikingos renuevan las ciudades de Europa, viajan a América y se convierten en caballeros Cristianos. 
Todo está preparado para un choque de civilizaciones...