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domingo, 25 de marzo de 2018

Reflexiones del Elfo oscuro (VI)

 Aleksi Briclot.

"Me pregunto si es la ambición, o la debilidad de las razas inteligentes lo que desemboca en estos ciclos de ascenso y caída de reinos y culturas. Muchos comienzan su periplo con buenas intenciones y grandes esperanzas. Un nuevo camino, una nueva era, un nuevo amanecer y miles de clichés esperanzadores.
Y todos y cada uno se acaban anquilosando, y es con el anquilosamiento cuando surgen los hombres  que ambicionan y codician el poder. Se abren camino en los gobiernos como un cáncer, bordeando las bienintencionadas leyes, interpretando los códigos en su propio beneficio, acumulando riquezas y asegurando su bienestar a costa de los demás y culpando de todo a los indefensos, que carecen de voz y recursos. A los trabajadores les avisan de que tengan cuidado con las sanguijuelas, y llaman así a los enfermos, los ancianos y los oprimidos.
Es así como deforman y distorsionan la realidad para salvaguardar sus beneficios. Sin embargo, esta seguridad es frágil, pues la rima más constante en la historia es la que surge cuando el latrocinio se ha completado, porque entonces se produce la caída de todo, y en su desplome, arrastra a oprimidos y poderosos por igual.
Sin embargo, temo que la rima de la historia cae con rapidez en el olvido. Su toque de advertencia se pierde en el recuerdo, e incluso, en la fábula, mientras el nuevo cáncer brota y se propaga.
Pero los ciclos se suceden y, con demasiada frecuencia, la caída es tan predecible como el ascenso."

"No quiero que un dios dicte cómo he de comportarme. No quiero que un dios controle mis actos, no. Tampoco quiero que las leyes de un dios determinen qué es lo correcto y qué no lo es. Eso es algo que yo ya sé.
Sigo el camino en el que creo, que reconozco como justo, y no lo hago por temor al castigo divino. En realidad, el comportamiento de quienes se guían por ese temor es frívolo y peligroso. Soy un ser racional, cuento con una conciencia y con la capacidad para comprender la diferencia entre el bien y el mal. Y cuando abandono el camino recto, no son las deidades invisibles ni sus normas o principios, cuya interpretación está sujeta al capricho de sacerdotes y sacerdotisas, las que resultan ofendidas por mis malas acciones."

" Perfección, la palabra en sí describe una condición que no se puede mejorar, y es obvio que eso es imposible cuando hablamos del músculo, la mente y la técnica. En suma, no existe el estado de la perfección, pero no es de necios trabajar en su consecución, pues la búsqueda es lo que define la naturaleza del guerrero."
Drizzt Do’Urden


La noche del cazador / La llegada del rey.
R. A. Salvatore

lunes, 23 de mayo de 2011

Reflexiones del Elfo oscuro (V)

 

  He vivido en muchos tipos de sociedades:  Todos esos lugares tienen sus propios usos y costumbres, todos tienen diferentes formas de gobierno, fuerzas sociales, iglesias y sociedades.
¿Cuál es el mejor sistema? Oiréis muchos argumentos al respecto, la mayoría basados en el grado de prosperidad, en el derecho otorgado por un dios o simplemente en el destino. 
Yo mido la excelencia de cualquier sociedad basándome únicamente en la libertad individual.

Sé de muchos reyes y reinas, y clérigos que justifican el poder que ejercen y se absuelven a sí mismos de cualquier injusticia cometida con el argumento de que los plebeyos de sus súbditos necesitan un guía. Es posible que esto sea cierto en sociedades de larga tradición, pero sólo porque después de muchas generaciones sin libertad, el pueblo se ha perdido algo esencial de su corazón y su alma; después de muchas generaciones de vivir dominados, el pueblo llano ha perdido la confianza en ser capaz de escoger su camino. Todos los sistemas de gobierno comparten una característica: arrebatan la libertad a los individuos e imponen determinadas condiciones a las vidas de cada ciudadano en nombre de la «comunidad».

Yo doy gran importancia a este concepto: «comunidad». Sin duda, los individuos que componen cualquier grupo deben sacrificarse y aceptar ciertos inconvenientes en nombre del bien común, para que la comunidad prospere. ¡Cuánto más fuertes serían las comunidades si los ciudadanos hicieran esos sacrificios de corazón, y no obligados por los edictos de los ancianos, o de los reyes y reinas!

La libertad es la clave. La libertad para quedarse o irse, para trabajar en armonía con los demás o para escoger un rumbo más individual. La libertad para ayudar en las grandes empresas o para abstenerse. La libertad para labrarse una buena vida o para vivir en la miseria. La libertad para intentar cualquier cosa o para no hacer nada.

 La libertad permite a cada uno elegir un rumbo en la vida, pero la libertad también exige que aceptemos la responsabilidad de nuestras elecciones, buenas o malas.

Drizzt Do'Urden
R. A Salvatore, - La Columna Del Mundo   /  ilustración   Todd Lockwood


miércoles, 26 de enero de 2011

Reflexiones del Elfo oscuro (IV)


Es  bueno oír el viento del valle del Viento Helado, 
sentir sus vigorizantes punzadas, un recordatorio de que estoy vivo.
Parece una cosa muy evidente (que yo, que nosotros, estamos vivos)
pero me temo que olvidamos demasiado a menudo
la importancia de ese simple hecho.

Es muy fácil olvidar que se está  vivo. 
O al menos, olvidar apreciar que se está realmente vivo,  
que cada amanecer es tuyo para verlo y cada ocaso es tuyo para disfrutarlo.
Y todas las horas entre ambos, y todas las horas que siguen
al anochecer son tuyas para hacer lo que quieras.

Es fácil perder la posibilidad de que cada persona que se cruza en tu camino 
se convierta en un acontecimiento y en un recuerdo, bueno o malo,
la posibilidad de llenar las horas con experiencias en vez de tedio,
la posibilidad de romper la monotonía de los momentos que pasan.
Esos tiempos perdidos, esas horas de monotonía, de rutina, son el enemigo;
son pequeños tramos de muerte dentro de los momentos de vida.

 ¡Cuán necio soy al dejar que el presente se convierta en pasado,
mientras me lamento de un hipotético (y sólo hipotético) futuro!
Vamos muriendo a cada momento que pasa de cada día.
Ésa es la verdad inexorable de estaexistencia.
Es una realidad que puede paralizarnos de miedo,
o una que puede fortalecernos con la impaciencia,
con el deseo de experimentar, con la esperanza (¡mejor dicho, la voluntad!)
de buscar un recuerdo en cada acto; con la satisfacción de estar vivo,
bajo la luz del amanecer o bajo las estrellas, con buen tiempo o en una tormenta.

Al final he llegado a comprender que ése es el sentido de la vida,
y en esa comprensión he encontrado el deseo y la alegría.
Una vida de veinte años en la que ese deseo y esa alegría, esa verdad, 
es comprendida, podría ser más plena que una vida de siglos
con la cabeza gacha y la espalda encorvada.

Ha hecho falta todo este tiempo, amargas pérdidas,
para reconocer la insensatez de ese razonamiento.
Ha hecho falta todo este tiempo,  para despertar a la vida que es mía,
apreciar la belleza que me rodea, buscar y no evitar la emoción que está ahí para ser vivida.
Quedan preocupaciones y miedos, por supuesto. .
Pero puedo ser paciente y convencerme de lo mejor.
Ya que al cavilar en mis temores,estoy rindiendo el propósito entero de mi propia vida.

Drizzt Do'Urden
R. A Salvatore, - mar de las espadas  /  ilustración   Todd Lockwood

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Reflexiones del Elfo oscuro (III)


  Soberbia
Una de las sectas de Faerun enumera los pecados de la humanidad como siete,
y el más destacado entre ellos es la soberbia.
Esto siempre lo había interpretado como la arrogancia de los reyes,
que se proclaman a sí mismos dioses o, al menos,
convencen a sus súbditos de que hablan con ciertas deidades
y así transmiten la idea de que su poder les ha sido otorgado por voluntad divina.
Ésta es sólo una de las manifestaciones del peor pecado mortal.
No hay que ser rey para incurrir en la soberbia.
La soberbia induce a escalar la cumbre del triunfo personal,
pero el viento sopla con más fuerza en esas alturas,
y los pies se afianzan en asideros inestables.
Y entonces, cuando se está en lo más alto, llega la caída.
Drizzt Do'Urden
R. A Salvatore, / ilustración  Ilich Henriquez

sábado, 30 de octubre de 2010

Reflexiones del Elfo oscuro (II)


Desde el castillo más magnifico al rincón más minúsculo, desde la arrogancia de la nobleza a los deseos modestos del campesino más humilde, existe una necesidad básica en la mayoría de nosotros de ser propietarios, o al menos administradores. Queremos —necesitamos— encontrar nuestro reino, nuestro puesto en un mundo a menudo demasiado desconcertante y abrumador, nuestro sentido del orden en un pequeño rincón de un orbe que suele parecernos demasiado grande y demasiado ingobernable. Y así pues marcamos y circundamos, ponemos cercas y candados, para a continuación proteger nuestro espacio con ferocidad armados con espadas u horcas.
Lo que esperamos es que ése sea el final del camino que elegimos recorrer, las recompensas de paz y seguridad a una vida de penalidades. Sin embargo, nunca es así, pues la paz no es un lugar, tanto si está bordeado de setos como de altos muros. El rey más poderoso con el mayor ejército en la fortaleza más invulnerable no es necesariamente un hombre de paz. Muy al contrario, pues lo irónico de todo ello es que la adquisición de tal riqueza material puede ir en contra de cualquier esperanza de auténtica serenidad. Pero, más allá de cualquier seguridad física, existe otra clase de malestar, a la que ni el rey ni el campesino pueden escapar; incluso ese gran rey, incluso el más sencillo de los mendigos se sentirá, en ocasiones, invadido por la cólera inexpresable que todos padecemos a veces. Y no me refiero a una rabia tan intensa que no puede expresarse con palabras sino más bien a una frustración tan escurridiza y penetrante que es imposible encontrar palabras para ella. Es el silencioso origen de arranques irracionales contra amigos y familiares, el causante del mal genio, y el modo de liberarse realmente de él no puede hallarse fuera de nuestra propia mente y espíritu.
Ahora llevo esa calma conmigo, tanto si mis amigos me acompañan como si no. El mío es un reino del corazón y el espíritu, defendido por la seguridad, la amistad sincera y el calor de los recuerdos. Es mejor que cualquier reino erigido sobre el suelo, más fuerte que la muralla de cualquier castillo. Y, lo que es más importante aún, puedo llevarlo siempre conmigo.
                                                                                                       
Drizzt Do'Urden
R. A Salvatore, - Sendas de Tinieblas /  ilustración   Todd Lockwood.

miércoles, 21 de abril de 2010

Reflexiones del Elfo oscuro (I)

La nostalgia es, probablemente,
una de las mayores mentiras que nos contamos a nosotros mismos.
Es el brillo del pasado para acomodarse en la sensibilidad del presente.
A algunos les proporciona cierto bienestar,
un sentido de si mismos y de su origen,
pero me temo que otros se aficionan demasiado a estos recuerdos,
y por ello se paralizan ante la realidad que nos rodea.
Me pregunto cuanta gente añora ese tiempo pasado,  mas sencillo y mejor,
sin reconocer jamas la verdad de que tal vez los sencillos
y los mejores eran ellos y no el mundo circundante.
La nostalgia es necesaria ,creo yo, y es una manera que todos tenemos
la manera de encontrar la paz en lo que hemos logrado
o incluso en lo que hemos dejado de conseguir,
al mismo tiempo, si la nostalgia desencadena acciones
para volver a esa época idealizada,
sobre todo en alguien que considera que su vida es un fracaso,
entonces es algo vació incapaz de producir nada mas que frustración
e incluso un sentimiento de fracaso cada vez mas agudo.
Y lo que es peor, si la nostalgia levanta barreras en la senda de la evolución,
entonces tan bien resulta limitadora.
Drizzt Do`Urden